Un poco de mi camino

Comencé a tribalear allá por el 2008. Tuve la fortuna de iniciar mi camino con, en mi opinión, la profesora más humilde y formada en esta danza, también en biomecánica y el orientalismo del tribal, Maxine Astorga. Me enamoré de la danza intensa y profundamente. 
En un principio me costó la continuidad por miedos propios, pero logré dejarlos atrás y abrirme a nuevas amistades, a un poco de otra cultura, de otro Universo del cual era completamente ajena de su existencia. En las clases de Maxine sentí contención y sabiduría, conocí el yoga. Mi vida realmente cambió por completo: comencé a habitar mi cuerpo físico más que el mental - algo mucho muy necesario para mi capricornio estático - entendí la importancia de tomar clases con alguien que sepa bailar pero que también sepa enseñar, que sepa hacerse entender de lo que habla, que respete el tiempo personal de cada alumne, sobretodo que respete el cuerpo ajeno y no la presión de mostrar el resultado. Continué formándome con Florencia Benitez, luego con Luisana; dos profes que también entienden lo que es dar clases desde ese lugar, habitando el espacio ajeno de forma disruptiva sí, pero amorosa.
Mis profes de tribal son ellas tres. Tomé clases de otras danzas, pero había algo en el tribal que me enroscaba. Mientras tanto seguí estudiando yoga, desde la primer clase con Maxine allá en el 2008 que no corté. La espiritualidad me conflictúa desde el secundario, me cuesta creer en que la creación del Universo entero depende de una o un par de deidades, y a la vez hay cosas que simplemente se pueden explicar creyendo en algo más que lo tangible, que no todo puede ser racionalizado todo el tiempo porque hay magia en la existencia del ser, o por lo menos cultivar mi creatividad me volcó hacia ese camino: somos energía, todo lo que existe. Convivimos, conflictuamos, nos relacionamos, nos alejamos, nos conocemos mucho o estamos en dos puntos completamente opuestos del universo, pero seguimos siendo energía que fluye. Mis profes de yoga me acompañaron mucho en este proceso, y cuando siento que estoy fallando por alejarme del mundo espiritual recuerdo las palabras de una de ellas guiándome desde el amor y la comprensión: todo es parte del camino espiritual.

Conviviendo con las exigencias

Para mí, como profe y como estudiante, dar clases o asistir a ellas nos coloca en un lugar de vulnerabilidad. Podemos ser criticades, sentirnos presionades, conocer la frustración desde el plano de la sensibilidad lo cual tiene sus momentos buenos pero muchos malos. Habitamos un espacio con sus reglas y jerarquías - fundamentales para un buen aprendizaje y para poder cuidar los cuerpos - en conjunto. Mis clases existen porque tengo alumnes, tengo alumnes porque mis clases existen. Como profe no me siento cómoda invadiendo espacios porque como alumna tuve que bancarme ese tipo de situaciones y posta, no se disfruta. Invadir no es solamente tocar el cuerpo del otre, que mis profes me enseñaron a pedir permiso, a entender sobre el consentimiento detrás de ello, el respeto. Invadir es también exigir: una cosa es la autoexigencia, otra cosa es la impuesta por alguien en rol de poder. Una cosa es acompañar o insistir en la técnica, en la limpieza de los movimientos; otra cosa completamente distinta y dañina es obligar a cuerpos ajenos a hacer cosas que no están listos, a llevar a nuestros alumnes a lastimarse por no entender sobre LÍMITES, los que tenemos que tener como profesores de una actividad física, porque es nuestra responsabilidad cuidar a quien viene a clase mucho más de quien viene a clase. Como profesional de la danza, esos tirones de poder se sintieron mucho más fuerte en estos últimos años: alumnes que no valoran el esfuerzo de armar una clase, gente pidiendo descuentos y enojándose cuando la respuesta es no, la constante “”””””inspiración”””””” de profes entre sí, continuando la pelea para ver quien es la más tribalera, quién tiene el bindi más grande, a quién se le para más el pecho y todo tipo de analogía misógina de onvre inseguro del funcionamiento de su miembro que se les ocurra. Aplica. Profes exigiendo que organice eventos (?????) No ser invitada a eventos, o ser catalogada como conflictiva por ser honesta conmigo, con mi danza, con mi ideología, con mi trabajo.
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El tribal privilegiado

Soy crítica con mis antecesores, así como soy sumamente crítica conmigo misma. Buscamos culpar este giro hacia la competencia y a la desinformación al cambio de nombre. Para mí, no es por ahí ni en pedo. 1) el nombre era un título, una etiqueta que nos agrupaba a quienes veíamos a esta danza con una estética de terminada pero también con un espíritu determinado. 2) el título es un título. El accionar es humano. 3) merecíamos un cambio de título porque decir tribal es racista, es apropiación cultural, es dañino. Y nuestra danza busca(ba) cortar con el orientalismo desgarrador, apreciar la cultura no hacerse dueña de y ganar plata. Porque no se olviden que lo económico IMPORTA. Y si necesitas decirle tribal porque el mundo bellydance se enoja si usas fusión, tomate el tiempo de pararte en la seguridad de lo que haces y en explicar que el mundo cambió en los últimos años: que sean les bellydancers quienes aprendan que no son el centro de atención y de información del mundo árabe.
Si nos detenemos a escuchar siempre los mismos discursos, los vacíos, entonces esto nos resulta difícil. “Le digo tribal porque para mí es de tribu, de unión, es especial”, sí pero date cuenta que tu profe o vos están ganando plata usando la palabra tribal, usando movimientos y estéticas de una cultura a la que no perteneces. Ya de por sí el tribal nació siendo una fusión, pero eso fue hace décadas atrás ¿cómo puede ser que querramos seguir estancándonos en eso en vez de aprender y evolucionar? Y de última, ¿por qué si algunes - privilegiades siempre - prefieren seguir con el discurso tribal el resto está obligade a seguir con el mismo discurso aún cuando no estamos de acuerdo? ¿Por qué no se puede respetar que querramos seguir bailando este estilo pero siendo responsables al hacerlo?
Lamentablemente no todes en latinoamérica, me incluyo, podemos pagarle a profesores orientales para que nos enseñen “la posta”. No todes tenemos la posibilidad de viajar por el mundo, somos muches más quienes no podemos que quienes sí. No todes hablan otro idioma que no sea el español. No todes podemos acceder a internet con las mismas facilidades. Y acá entro en conflicto conmigo misma, porque es verdad, no está bueno ganar plata apropiándose de una cultura, pero tampoco me parece que esté bueno dejar de bailar o de enseñar; más bien me parece que la mejor opción - que es algo que hacemos varias - es ser honesta con mis alumnes y dejar en claro desde el primer momento “esto es orientalismo, el tribal nació de robar elementos de otras culturas y hacerlas propias” porque sí, chiques, ninguna de las referentes del tribal fueron así de honestas desde los 60s hasta que a fines de la década del (20)10 se exigió desde las comunidades que se vieron violentadas y abusadas por el poder del mundo occidental. Podemos seguir apreciando lo que hicieron quienes vinieron antes que nosotres pero sin ponerles un peso que no les corresponde. Es como cuando en Argentina se junta la figura de Evita con la legalidad del aborto. No podemos exigirle a una persona en los 70s tenga un discurso de los 2000, el tiempo no se puede volver atrás. 
¿A qué voy con esto? Para muchas bailarinas sirve decir que Jamila Salimpour es la madre creadora, se ve que no estuvieron revisando mucho como el catolicismo afecta a occidente. Desean volcar en UNA persona TODO un estilo. Y no es así. Jamila, Masha, Carolena, Jill, Rachel, John, Heather, Ariellah, Mardi, Mira, y muches más, todes hicieron que el tribal sea tribal. No podemos contar la historia como nos conviene para sentirnos mejores bailarines o mejores profesores. Puede no gustarte el estilo Salimpour - como me sucede a mí por ejemplo - pero no podemos negarlo. Puede no gustarte el ATS - como le pasa a muchísimas tribaleras - pero no podes negarlo. Así con todes. Tal vez no te interesa las danzas contemporáneas ¿pero crees que el tribal existiría como existe si no hubiesen tomado los espirales, el trabajo de piso o los elementos del hip hop si no hubiese existido Heather Stants por ejemplo? La teatralidad de The Indigo ¿hubiese sido la misma sin las enseñanzas de Mira Betz o de Jill Parker? El tribal ES una fusión. Y esa fusión existe gracias a muches.

El tribal argento

Entonces, el tribal argentino no es responsabilidad DE UNA sola profesora. Ni en el pasado ni en el presente. Cuando comencé a bailar tribal en el 2008 ya existían en argentina 4 profes: Maxine Astorga, Myrna, Iman y Emine. Las cuatro eran distintas desde la estética como desde el movimiento. Muchas de las que continuamos desde esa época tomamos clases con más de una de ellas. Todas entendemos lo importante de la existencia de las carreras de las 4 para que el tribal exista en argentina. Pero si hay algo en lo que voy a insistir es en la falta de comunicación entre sus alumnas, también entre ellas. Y créanme, sé por qué no siempre se dieron buenas relaciones en el tribal argento…y en la actualidad, esa parte del pasado no me interesa como excusa, me interesa el cambio, no repetir errores del pasado.
El tribal se convirtió en alimento del ego

Algo que aprendí en mi camino de espiritualidad es que todes tenemos ego. Y que eso está bien. El cuerpo es temporal, el alma es eterna. Nuestro ego verdadero es nuestro ser, nuestra ideología, nuestra forma de actuar, nuestro cuerpo mente y también nuestro cuerpo espiritual. Es nuestro ser, nuestras experiencias, las percepciones sensoriales recogidas en el tiempo. El ego falso es la materialidad en exceso, no sólo es creerse lo mejor también es creerse lo peor. Son esos engaños que nos hacemos a nosotres mismes, pero también los que permitimos de alguien más. Es creerse ser inútil porque alguien te repitió muchas veces que lo sos, y tal vez tu inutilidad para esa persona era no poder explotarte según su deseo. Es creerse dueñx de una inventividad única, compitiendo con la de las demás en vez de valorar el proceso creativo de quien está en la misma que yo. Siempre hubo gente en la danza que buscaba alimentar su ego falso, siempre. Y siempre va a haber. Eso es una realidad que no podrá ser cambiada.
Me fui del bellydance porque me resultaba insufrible la competencia, además de sumamente estúpida. Tenes que dejarte el pelo de cierta forma, tenés que tener el cuerpo de cierta forma - y no me jodan con el bodypositivismo que de eso hablo más adelante y no creo que guste mucho - tenes que moverte de cierta forma, ser de cierta forma. Sonreír. Constantemente. Y tu sufrimiento tiene que ser como de novela exagerada. El belly argento se quedó en los 90s, en el menemismo. Y pueden adornarlo como quieran, cuesta salir de ahí. Siguen compitiendo agresivamente, siguen buscando estar en lo más alto sin importarles a quien atropellan en su camino, y sigue brillando la meritocracia. En el tribal, hace unos años, había un par de personas así. Mismo ocupando rol de referente: yo brisho, yo yo yo yo yo yo yo yo. Si bien me resultaba molesto, podía lidiar con eso porque mayoritariamente el estilo estaba posicionado en otro lado a nivel mundial: buscamos compartir. Crear comunidad.
Lamentablemente hace unos 2 - 3 años eso cambió un montón. Acá me voy a frenar y voy a hacer una aclaración importantísima: esta es mí opinión, formada por mí experiencia personal y por hablar con otras bailarinas y profesionales de la danza, algunas que ya dejaron de bailar, otras que siguen. Si vas a dejar un comentario negando mi experiencia porque vos tuviste otra, te pido pienses dos veces antes de apretar enter y que te preguntes ¿estoy tratando de negar la vivencia de Alejandra porque no me resulta cómoda? ¿creo que mi experiencia tiene más valor que la de Alejandra porque es más positiva? ¿necesito responsabilizar a Alejandra por su experiencia porque la mía es distinta? ¿vivo en la misma ciudad que Alejandra, me rodeo de las mismas personas que ella, participo en los mismos eventos que ella, tengo los mismos años de experiencia que ella, hablo de política como hace ella, opino como hace ella? Y después fijate. Actuemos desde la empatía. 
Retomo. En estos últimos años es notable la falta de valoración de alumnes hacia sus profesores tanto en el esfuerzo de armar una clase como el de abonar el valor que corresponde hacia nuestro conocimiento. Resulta mucho más fácil pagarle a una profesora por su nombre y por su recorrido por el mundo; por el privilegio de no tener que tener otro trabajo ya que sus necesidades económicas se ven satisfechas por el ingreso de un familiar o de una pareja. Se valora al nombre de quien da clases, no a su pedagogía. Se valora la apariencia más que el conocimiento. Se valora la acrobacia por sobre la técnica de la danza tribal.
Se premia, económicamente, al ego falso del ser privilegiado que jamás pasó necesidades y que tampoco decidió acompañar a enfrentar a las necesidades del otre.
Se valora más a lo vacío, lo clonado, la copia que la identidad, la creatividad, la movilidad. Incluso se perdió la musicalidad para poder encajar combos, aperturas de piernas para todas las direcciones, la hegemonía exagerada, las poses, las cuentas y el strass.

El tribal se convirtió en alimento para el ego falso. Con un discurso adornado de comunidad y colectividad, que sin dudas en otros lugares del mundo sí se da pero que en Argentina se perdió, pasó a otro plano porque acá lo que más está importando es que tan igual sos a *inserte nombre de quien esté de moda*. Incluso viviendo en uno de los gobiernos más injustos y que más golpea al arte y a la cultura, en el tribal que nació para compartirse vemos fanatismo, discursos y acciones vacías, el cuerpo físico de mujeres que se ofrecen como un objeto de consumo sexual con una visión sumamente machista en un discurso de empoderamiento que engaña al público, porque ellas mismas se están engañando tal vez para subsistir, tal vez para no pensarse un poco más, tal vez para figurar ¿dónde quedó la danza? ¿dónde quedó el movimiento? ¿dónde quedó la creatividad propia? ¿dónde quedó el individualismo conviviendo con lo colectivo? ¿dónde quedó la comunidad?
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Me desanamoré por completo del tribal hace unos dos años. Esencialmente por que en pandemia vi la exageración de premiar a la privilegiada.
Cuando arrancó la pandemia todes dábamos clase en casa, y buen se mezclaba un poco el hogar con lo profesional, por momentos sentí como hubo un pequeño baño de humildad de varies que se encontraron con la imposibilidad de dar sus clases como siempre porque no podían ir al estudio a dar clases. Y de un momento a otro, volvió el capitalismo desgarrador. Va a sonar muy pelotudo, pero para mí la primer señal fue la mantita de mandala como fondo del video: lo más importante era la apariencia, no la enseñanza. Entonces quienes más alumnes empezaron a tener fueron quienes tenían la mejor cámara, el mejor micrófono, la mejor luz, espejos (que se yo, en mi casa tengo espejo en el baño nada más, mildis), el espacio grande. Otra vez, el brisho por sobre el conocimiento.
En los shows online, que fueron excesivamente frecuentes, aumentaron la mezcolanza de estilos sin explicación: en un show de belly tenías algunas tribaleras, pero no había un contexto, no había una diferenciación hacia el público para que entienda lo distinto de ambas danzas. Volvimos a las bellys disfrazadas de tribaleras diciendo que ellas son las verdaderas tribaleras porque su profesora es la única tribalera de argentina ¿Se dan cuenta lo inmaduro y estúpido que suena?????!!!!!
En lo personal hubo ciertas cosas que me marcaron un límite:
Organicé Reevolución, una idea propia. Invité a las profes de argentina y me limité a que sea solo argentina porque me importaba la situación económica de mis colegas de mi país. Tal vez podía sonar egoísta, pero no me importaba. En las últimas semanas previas a reevolución, una colega publicó un evento muy similar pero con 2 características extras: había profesoras de otros países y el evento sería a la gorra. Obvio, me perjudicó como organizadora. Me jodió mucho como profesional y como persona. Me decepcionó.
El día previo y el día del estreno de Crisálida, profesoras y bailarinas argentinas hablaron de la obra sin ser parte y sin haber comprado ni siquiera una entrada. Fácil, la comunidad argenta esos días estuvo muy atenta a la obra, y buen, parece que servía hablar de ella. A nosotres nos servía más que la recomienden y que paguen una entrada.
Este año organicé un conversatorio para que hablemos de cuestiones económicas y sociales. Y ohhh casualidad, muchas se colgaron la banderita de gremio y de política por un ratito simplemente para decir “yo yo yo”.
Honestamente, me resulta MUY estúpido. Me resulta estúpido tener que estar atajándome todo el tiempo en las propuestas que hago porque sé que después la veré replicada en otra profesora que va a buscar atropellarme para figurar, y que ni siquiera le va a importar si eso a mí me duele o no. Bailarinas que se comieron el viaje de ser influencers y publicar en youtube videos marcando con el dedo qué es el tribal y qué no cuando tomaron un par de clases con UNA profesora. ncluso señalándo que gracias a algunas pocas, el resto tenemos "permiso" para ser "sensuales" porque no conciben otra realidad que la sensualidad y sexualidad heteronormada. De la diversidad del "tribal" NO ENTENDIERON NADA. Bellydancers invitadas a eventos nacionales e internacionales como la nueva revelación tribal cuando su único logro es copiarle, y robarle, a alguien más: misma música, mismo peinado, mismos trajes, mismos pasos, mismas acrobacias. Del tribal no entendieron nada. Profesionales de la danza queriendo negar la apropiación cultural porque no les conviene para su economía, pero ni bien una estadounidense habla del tema comportarse sororamente para quedar bien. Bailarinas argentinas hablando del talento argentino y refiriéndose solamente a sus alumnas o a quienes desearían tomen clases con ellas, porque creanme eso sigue existiendo: ir a buscar alumnas a clases de otras profesoras. Hacerse la víctima marcando mi actitud como agresiva, pero no darse cuenta de lo violento que es no hacerse responsable de todo lo que describí anteriormente. Del “espíritu tribal” no entendieron nada.

Me harté de ver mi trabajo en otres sin que me hayan pagado por ello. Agradezco al Universo que me mandó una alumna que me pidió una beca para mi formación y en el medio de una clase habló de cómo pagaba fortuna a otra profesora de tribal y confundía descomponerse en su clase con “es que te hace mover la columna como nadie”. O de ver, yo como alumna, a compañeras faltarles el respeto a mis profesoras apurándolas o exigiendo un contenido porque en la clase de menganita a la primera vuelta ya aprendes a hacer backbends profundos, o al par de meses ya tenes una coreo de ATS para poder bailar en público. Fueron baldazos de agua fría que me abrieron los ojos a mi realidad: yo no pertenezco a este lugar. Me harté de ver a mis amigas sentirse frustradas o peor, sentir que lo que hacen no vale la pena porque no tiene la misma cantidad de visualizaciones o seguidores que otres. Me cansé de explicar que esos números no significan nada, porque es compararse constantemente con personas que viven con plata ajena. Me cansé de explicar que no es lo mismo decir “vivo de la danza” que decir “me dedico a la danza”, porque posta, si no tenes que pagar alquiler, o no pagas los servicios, o no tenés que pagarte un estudio entonces no estás viviendo de la danza, tenes posibilidades para dedicarte a esto sin tener que trabajar de algo más.
​​​​​​​Entiendo que el mundo actual no valore mucho la honestidad porque no es comercial pero ¿sabes cuántas personas se sienten inferior a vos cuando ese es tu discurso? ¿sabes cuántas personas se presionan para ser más delgades, copiar estéticas y movimientos, o se exigen en un entrenamiento para poder llegar al mismo lugar que vos que podés dedicarle 4 horas de tu día a entrenar, otras 2 hs a bailar frente a un espejo en tu propio estudio en tu propia casa?
La frustración como acelerante, pero no como iniciador.

​​​​​​​ Ese discurso desagradable y clasista fue lo último que necesité para decir “hasta acá llegué”. Porque posta, es un dolor muy fuerte y exasperante sentirse menos.
En un momento pensé en dejar la danza del todo. Un pensamiento que duró muy poco. Me encanta bailar, me encanta enseñar, me encanta practicar yoga y me encanta tener una ideología marcada. Por años me sentí como “la bardera”, dejé que me pongan esa etiqueta y la usé por momentos de escudo, por otros de excusa, muchos de explicación. Pero estoy lista para resignificar esa etiqueta en algo más nutritivo, no sólo para mí sino para quienes quieran acompañarme. Con mis propias reglas y jerarquía, a mí tiempo y con mis formas. Y sé que el camino que me toca afrontar va a ser difícil, pero también sé que gracias a mis amigas, a mi marido, a terapia, mis conocimientos y a mis guías voy a poder transitarlo.

Así nace ...
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